07. Dali

Tras el par de días de turista por Kunming organizamos casi una semana para visitar las turísticas localidades de Dali, Lijiang y Zhongdian, rebautizada actualmente como Shangri-la (lo que dice mucho del apego al pasado -y al buen gusto- de los dirigentes del país). La escritura con caracteres de este nuevo nombre tomado del inglés, cuyo origen explicaré en otra entrada, no deja de ser una adaptación fonética de sorprendente resultado. En fin, temprano por la mañana nos levantamos y pusimos rumbo a una de las estaciones de autobuses de Kunming, pues a las 0815 partía nuestro moderno autobús hacia Dali.

Dali es una “ciudad” de tamaño medio sita a orillas del lago Erhai, más o menos en el centro de la provincia de Yunnan y a algo más de 300 kms de Kunming.

Yunnan, ruta de Kunming a Dali

He escrito “ciudad” entrecomillada porque en realidad Dali está formada por dos núcleos. En un primer lugar se encuentra la ciudad vieja de Dali, llamada Dali. Luego, claro está, tenemos la ciudad nueva de Dali, conocida como Xiaguan, y entre ambas hay unos 12 kilómetros de separación. En la prefectura entera de Dali (que incluye pequeños grupos de viviendas no colindantes ni a la ciudad nueva ni a la vieja) residen algo más de 3.000.000 de personas, de las que 40.000 viven en la ciudad vieja.

Dali, a orillas del lago Erhai

¿Y a santo de qué esta separación entre ciudad nueva y vieja? Este es un punto sumo interesante que me permite explicar algunas cosillas de la política china. Hace algunos años, no más de dos décadas, la prosperidad y el turismo llegaron a la región: saliendo de una economía deprimida, la población china empezó a poder hacer turismo por el interior de su país. Dali, que cuenta con un pasado medieval de reinos independientes y sagas dinásticas propias, se hizo famosa en todo el país al ser inmortilazadas esas épocas por un escritor taiwanés de artes marciales cuyos libros son leídos por todos los escolares chinos. Este hecho, junto a una bien conservada y rica arquitectura propia, ha situado a Dali entre uno de los destinos turísticos más importantes de todo el país.

¿Y esto que tiene que ver con la creación de la nueva ciudad de Dali? Pues bien, con la progresiva llegada de dinero y turistas a los gobernantes locales les pareció que debían llevar la ciudad a un futuro mejor. Y como la trayectoria comunista en tal sentido implica la destrucción del pasado, estos señores (siempre son señores) tuvieron la brillante idea de demoler el casco viejo y edificar su ciudad desde cero en una nueva ubicación. Afortunadamente, la construcción de una ciudad desde la nada cuesta muchísimo dinero y, mientras lentamente se iban levantando los edificios e infraestructuras de la nueva Dali, se dieron cuenta que la razón principal de la visita del turista era el tradicional y cálido casco urbano antiguo, con sus encantadoras casitas y tranquilas callejuelas. Desde luego no acudían por los nuevos y flamantes edificios de una ciudad desalmada. Edificios de una estética violenta, muy fea (al verlos sientes una buena torta en plena cara), y construidos con materiales de pésima calidad que con el paso de los años los han afeado aún más. ¿Qué tendrían esos dirigentes en la cabeza al proyectar tamaña desgracia? Sentido común desde luego que ninguno. Además, este caso de desastrosa planificación urbanística no es único en China: en otra entrada comentaré otro caso relacionado, si cabe aún más curioso.

Actualmente tampoco es que haya mejorado mucho la cosa. La ciudad nueva se asienta en la planicie del suroeste del enorme lago de Erhai, que está rodeado por todas partes por una cadena de montañas. La ciudad vieja, al norte de la nueva, se levanta sobre las faldas de esta cadena. Y encima de ella hay una enorme mole gris de edificios modernísimos de diseño ondulado que, me comentaron, es un centro de convenciones con los correspondientes hoteles. Además, junto a esta desgracia arquitectónica que destruye por completo el paisaje (ni se os ocurra pensar que es bonita; desgraciadamente no le hicimos fotos), hay cada vez más grandes complejos urbanísticos de casitas unifamiliares adosadas a ¿adivináis qué?... Campos de golf.


Monasterio monumento nacional junto a un campo de golf

En un momento se está contemplando la vida sencilla y algo atrasada de los agricultores de la zona, de espalda encorvada y ropas llenas del barro de los campos de arroz, para luego girar la vista apenas unos grados y toparse con ese monumento al lujo. Casi ruinosas casitas de gente humilde, con deficiencias en el suministro eléctrico y de agua, junto a modernísimas urbanizaciones. A mi me resultó bastante impactante y me pregunto cuánto tiempo aguantará la gente llevando la dura vida del campo viendo como otros nadan en tan opulenta abundancia.

Y ahora volvamos con la narración de nuestro viaje. El trayecto en autocar por la autopista, que hicimos prácticamente por completo dormidos, discurrió por el verde corazón agrícola de Yunnan. Una mirada por la ventanilla nos devolvía la encantadora imagen de un paisaje de campos de arroz atendidos por mucha gente y salpicado de diminutos villorrios. China es un país en desarrollo y su campo no está demasiado mecanizado y casi no hay vehículos particulares fuera de las ciudades, como demostraba la ausencia de turismos circulando junto al autocar por la autopista. Y aunque el país tiene problemas porque sus zonas de terreno cultivable no pueden abastecer a su enorme población, éste no es el caso de Yunnan, donde hay la gran abundancia agrícola propia de un clima tropical atemperado por la altura.

Al llegar a Dali, a la ciudad nueva, nos encontramos con nuestros primeros problemas. Queríamos comprar los billetes de autobús hacia Lijiang, siguiente parada de nuestra ruta, y estando en la estación de autobuses nos dirigimos a las taquillas de billetes en busca de información. Lucía, con todo lo mona y dulce que es, fue tratada por la chica de la ventanilla con una inusitada dosis de “borderismo” que me la dejó de lo más chafada, y al resto del grupo se nos puso la luna girada. No había billetes para el día siguiente pero tras discutir un rato con esa fiera (cuya oficina estaba protegida por barrotes, lo que no es de extrañar visto lo idiota que era) nos enteramos que en la ciudad vieja había otra estación desde la que partían continuamente autobuses hacia Lijiang.

A continuación intentamos coger algún autobús hacia la ciudad vieja, pero en la desangelada Xiaguan nadie nos supo indicar dónde cogerlo. Finalmente optamos por ir en taxi, visto lo baratos que son en todo Yunnan. Pero ¡ah, amigo, recuerda que hay que regatear! Fuera de Kunming no he visto aún ningún taxi con taxímetro y el precio se debe negociar antes de subir al vehículo. Discutir con los taxistas el precio del trayecto hasta la ciudad vieja nos costó algunos ligeros enfados más pero finalmente conseguimos un precio aceptable.

Aprovecho este punto para expresar mi gran rechazo hacia este sistema económico de la región. El regateo en sí no presentaría muchos inconvenientes si la población no intentara colarte siempre precios de “laowai” (extranjero), problema especialmente acuciado en Dali y Lijiang. A pesar de que nunca puedes saber si el precio que te están dando es adecuado, hay cosas que saltan a la vista y uno se “encabrona” a la tercera vez que alguien abusa de tu rostro pálido. De turista fuera de esta región, uno se ha encontrado con gente más amable que, si bien te da un precio algo más alto, jamás es una exageración. Es decir, se percibe que te dan el mismo precio alto inicial igual que a todo el mundo. Además, en los alojamientos turísticos siempre nos hemos encontrado con gente con ganas de ayudarte y enseguida te informan de lo que se te debe cobrar por los trayectos en taxi. No sé en qué estarán pensando en Dali y Lijiang, pero marchar del lugar con la sensación que te han tomado el pelo no es tener una buena política turística. No creo que ellos se enteren hasta dentro de mucho, porque ya van dos años en los que me encuentro con el mismo problema, pero para los que queráis visitar el lugar, advertidos estáis.

Al llegar en taxi al hotel, y para rematar la faena, topamos con el último problema. En principio viajábamos con la reserva hecha y pagada por una agencia de viajes, pero al llegar a la recepción nos querían hacer pagar la habitación por adelantado. Resulta que la agencia, habitual colaboradora del hotel, no había hecho la transferencia bancaria o se demoraba porque estábamos en plena semana festiva del Día Nacional y los bancos funcionaban a medio gas. Y en el hotel no se fiaban ni de su sombra. En otras condiciones no nos habría importado demasiado, pero tras los percances para obtener dinero para esta semana de viaje (ver entrada “Primeros días en Kunming”), no nos caía demasiada bien gastar los casi 20 € de la habitación. Al final, dejamos el dinero en depósito y nos lo devolvieron al marchar la mañana siguiente.

Interior de nuestro hotel, imitando la arquitectura local

Quisiera comentar aquí que tanto Dali como Lijiang y Zhongdian (me niego a llamarla Shangri-la) cuentan con muchísimas posadas o casas de huéspedes, la mayoría en muy buenas condiciones y con mejores precios que los hoteles, situadas en el corazón del pueblo, normalmente en casas tradicionales adaptadas. Pero estando en plena semana festiva no quisimos arriesgar y le pedimos a la agencia que nos hiciera la reserva por adelantado. Claro está, las agencias no trabajan con estas casas de huéspedes y acabamos en un bonito hotel en el centro de Dali, aunque pagando el doble que en una de las mencionadas posadas.

Teníamos planeado pasar en Dali tan sólo el día de nuestra llegada para la mañana siguiente tomar el autobús hacia Lijiang. Dali ofrece un montón de cosas por ver: sólo su casco antiguo ya es merecedor de medio día de paseo por sus calles; también hay varios parques naturales de gran atractivo; y el lago Erhai y sus 40 kms de longitud dispone de interesantes excursiones en barca o incluso barco. Pero nuestro tiempo era limitado y decidimos invertir medio día en visitar el “Templo y Monasterio de las Tres Pagodas”, uno de los emblemas de la ciudad.

Las Tres Pagodas, emblema de Dali

Judit, Lucía y yo en una típica foto con Las Tres Pagodas

Los cuatro turistas barceloneses en la estampa más típica del lugar

Este conjunto monumental se encuentra a 5 minutos en coche del casco antiguo, y tomamos un autobús urbano hasta él. El autobús nos costó un yuan por persona (más adelante ya veréis porqué pongo el precio). La entrada a este tipo de lugares de interés nacional suele ser muy cara, y nos costó 120 yuanes por persona. Doce euros no es demasiado para un europeo, pero siempre hay que pensar que en China todo es mucho más barato y que para un salario mensual de 100 euros 12 es ya una cantidad considerable.

Una vez en el interior nos lo pasamos en grande. El conjunto ha sido restaurado y embellecido recientemente, lo que se nota en lo agradable de los jardines y zonas arboladas. Pero es que también se nota en todos los edificios, que rezuman un aire algo “falso”. Quizás la mayoría de edificios sean auténticos, pero el restaurarlos con materiales modernos demasiado chillones y darle a la madera capas de pintura en exceso brillante conlleva que uno se pregunte si no está en una especie de Disneylandia.


Preciosos jardines del recinto monumental

Cuesta hacia el primer templo de las Tres Pagodas

Plaza y uno de los templos del monasterio

Sea como fuere, pasamos medio día estupendo paseando por el enorme lugar. El monasterio se compone de una conjunto de templos alineados desde las Tres Pagodas hacia el pico de la montaña. Esto crea el curioso efecto de esconder unos edificios detrás de otros. Nosotros, que desconocíamos este hecho, dejamos atrás las hermosas Tres Pagodas y nos sorprendimos al descubrir más edificios tras el primer gran templo.

En el interior de estos templos siempre se encuentran enormes estatuas de dioses y budas, ricamente decorados. Y pasamos largos momentos deambulando entre estas grandes representaciones.

Los templos cobijan grandes representaciones de deidades

Esculturas y templos presentan vivos colores

Pero al tercer templo ya teníamos la mosca detrás de la ojera y nos preguntábamos, algo cansados ya, cuántos niveles más nos quedarían por andar antes de llegar a la cima. Por fortuna, a esa altura estaban preparando un entarimado y unas sillas para hacer algún tipo de ceremonia y el lugar estaba lleno de monjes pelados ataviados en túnicas marrones, amarillas y naranjas, lo que le daba un toque de color al lugar que lo hacía aún más interesante. Así que nos tomamos unos minutos para recuperar el resuello.

Escenario para una ceremonia religiosa en el monasterio

Ahora sé que éste era el penúltimo nivel del monasterio

En este penúltimo nivel nos refrecamos junto al Buda castigado por los siete dragones

Al retomar el ascenso, y cuando la exasperación empezaba a hacer mella en el grupo de amigos, llegamos al último templete, situado ya en las empinadas cuestas de una boscosa montaña rodeada de nubes. Creo no exagerar al decir que desde la entrada del recinto hasta este punto hay más de dos kilómetros cuesta arriba.

Al final de la cuesta, el último templo

Subimos pesadamente las escaleras que llevaban al balcón superior rodeando otra enorme deidad dorada, y la vista desde esa atalaya mereció todo el esfuerzo de la larga ascensión. Alzándose ante nuestros ojos, algo lejos, las Tres Pagodas y frente a ellas se extendía la llanura y el gran lago de Erhai. Los monjes, sean de donde sean, siempre se han caracterizado por saber dónde hacerse construir sus alojamientos y lugares de oración, no cabe duda.

Vista general desde la cima del recinto, las Tres Pagodas casi invisibles

Ya de bajada nos encontramos con que la congregación de monjes, por lo visto venida de todo el país, estaban celebrando un rito en uno de los templos. La estampa fue de lo más pintoresca, os lo aseguro.

Monjes haylos de todas las edades

Plegarias en el interior de uno de los templos

Ahora bien, lo mejor de toda la visita vino cuando estábamos ya casi en la salida. Hay un lugar tras las Tres Pagodas en el que se encuentra un estanque rodeado de preciosos jardines. La gracia del estanque es que en sus cristalinas y quietas aguas se reflejan las Tres Pagodas y el claro cielo nítidamente. La cosa está en que ya habíamos estado allí de camino arriba, pero de bajada Lucía nos había convencido para alquilar unos trajes típicos y hacernos unas fotos. Tras ojear un poco entre el vestuario, acabamos vestidos de novios en el día de boda. A continuación el resultado del evento.

Ya se sabe que la novia siempre es la más guapa

El novio parece de lo más respetable con un traje así

Y juntos están adorables

Es imposible ser más feliz que esta pareja

Los mejores trajes, el mejor entorno, las mejores parejas
(que nuestras abuelas estaban muy lejos)


Es muy habitual en los parques y zonas turísticas de Yunnan, provincia plagada de diferentes etnias, que haya unas pequeñas tiendas en los puntos de paisaje más bello en las que te alquilan las ropas típicas del lugar para que te hagas unas fotos. Y para los que no tienen cámaras, ellos te retratan e imprimen las fotos al instante. Hay veces en las que incluso no hay tienda y te encuentras con una persona vigilando un perchero que de noche se lleva a su casa de nuevo.

Así que allí estábamos nosotros, pasando unos momentos hilarantes y de enorme diversión con algo tan tonto como son unos trapitos. Y si no creéis posible que uno se ría tanto con algo así, aquí tenéis el testimonio gráfico de la ocasión. ¿Acaso no hay para reír?

Después de una boda, a ver quién va sereno

¿Qué diferencias hay con la fotografía anterior?

Con un cuerno como ese en el sombrero, como para no reverenciar

Al salir del recinto nos acaeció otra situación anecdótica. A las puertas de este tipo de lugares siempre se acumulan diferentes medios de transporte privados dispuestos a llevarles donde les pidas. ¿Recordáis lo que os dije de los precios para extranjeros? ¿Y el coste del autobús desde el casco viejo a las Tres Pagodas? Pues bien, intentamos coger un motocarro, curioso triciclo con capacidad para 4 pasajeros súper apretados y que describiré con mayor detalle en otra ocasión, y el precio que nos ofrecían no bajaba de los 5 yuanes por persona. En esto que vemos llegar el autobús, empezamos a correr tras él y el último conductor de motocarro al que preguntamos tarifa nos empieza a chillar: “¡4 yuanes!¡3 yuanes!...¡1 yuan, 1 yuan, 1 yuan!”. Sin comentarios. Al final, apretamos la marcha y conseguimos pillar el autobús.

De vuelta en Dali pasamos una muy agradable anochecer deambulando por las encantadoras calles de la ciudad vieja. El casco antiguo está limitado por unas grandes murallas, aún en pie a día de hoy, con cuatro enormes portones de acceso. En esta zona amurallada se encuentra una ordenada población, de rectilíneas calles al estilo del Eixample barcelonés, las cuales se han volcado con el turismo.

Plano de la ciudad vieja de Dali

Judit, Oriol y yo en una calle de Dali

No hay casa que no sea tienda de souvenirs, bar, restaurante o casa de huéspedes. Y por ellas anduvimos visitando tiendas, comprando en alguna ocasión y disfrutando del entorno urbano.

Entorno urbano, para disfrutarlo

Oriol y yo descansando en el susodicho entorno urbano

Debo comentar que, aunque la ciudad recibe riadas de turismo chino, el casco antiguo suele ser un lugar no demasiado concurrido. Esto se debe a que los grupos turísticos se alojan en los grandes hoteles de la ciudad nueva (y desvencijados, el año anterior estuvimos viajando con uno de estos grupos y lo sabemos por experiencia).

Algo a señalar de la ciudad vieja de Dali, así como también de Kunming, es la existencia de una especie de Chinatown a la inversa: una calle de bares, restaurantes y posadas de estilo occidental. En uno de estos bares, que siempre son muy acogedores, nos sentamos a tomar unas cervezas antes de dar por concluido nuestro primer día de viaje.

La mañana siguiente, sin madrugar, nos levantamos, empacamos y nos dirigimos a la estación de autobuses de la ciudad vieja. Allí cogimos asiento en un pequeño, viejo y desvencijado autobús que cubre la ruta Dali-Lijiang y nos preparamos para un viaje de más de cuatro horas hasta nuestra siguiente parada.


Autobús que nos llevó de Dali a Lijiang

Una buena anécdota con la que finalizar este relato acaeció apenas pasados unos minutos de trayecto en el autobús. Nos encontrábamos ya en la autopista camino de Lijiang cuando el chofer recibió una llamada en su móvil. El hombre dio media vuelta allí mismo (sí, el concepto de autopista en Yunnan difiere un poquito del nuestro), volvió hasta el corazón de Dali y recogió a dos turistas occidentales antes de volver a tomar nuestro camino hacia el norte. En total creo que perdimos una media hora, pero no se puede negar el excelente trato al cliente que dispensaron a esos dos turistas.

Ya nada más queda por decir, tan sólo recomendar el vídeo de esta entrada, pues refleja perfectamente lo bien que lo pasamos en nuestra visita a Dali (obviando los problemillas de nuestra llegada).


Lo que vivimos en Dali (91 MB)

06. Primeros días en Kunming

El segundo de octubre, tras un vuelo de dos horas desde Hong Kong, el aeropuerto de Kunming nos dio la bienvenida a la ciudad, capital de la provincia china de Yunnan. Esta provincia, cuyo nombre significa “Nubes del sur”, está situada en el sur de la República Popular China, entre los 20º y 30º de latitud norte.

Situación de Yunnan dentro de China

Una vez realizadas todas las formalidades de entrada al país y recogido nuestro equipaje, cogimos un taxi rumbo a nuestra nueva morada. Nada más salir el vehículo del parking del aeropuerto, ya tenemos nuestra primera anécdota. Hay varias personas que trabajan repartiendo publicidad de agencias de viaje. Se trata de unas tarjetitas, del tamaño y material de las tarjetas de visita de empresas, en las que siempre hay una foto de un avión, el nombre y número de teléfono de la agencia y, en el reverso, un cuadro con los precios de sus vuelos a las ciudades chinas. La anécdota empieza cuando esta gente, situada en medio de la carretera te tira las tarjetas dentro del taxi a través de la ventanilla... cuando éste está en movimiento. ¡Y tienen puntería, estos tipos! Así que la tarjeta, mejor dicho las tarjetas, pueden llegarte a la cara con cierta energía. Afortunadamente nadie salió herido.

La carrera hasta el corazón de la ciudad duró unos veinte minutos aproximadamente y nos costó cerca de 25 yuanes (algo menos de 2,5 €). Con unos precios así, no es descabellado el hacerse una visita turística por toda la ciudad sin bajar del taxi. Obviamente, lo primero que hicimos al llegar a casa fue desempacar e instalarnos.

Lucía y yo instalándonos en nuestro nuevo hogar

Decidimos pasar un par de días en Kunming haciendo el turista para mostrarles la ciudad y sus encantos a Judit y Oriol. Pero antes debíamos pasar por el banco para cambiar dinero y, Lucía y yo, abrir unas cuentas bancarias con el dinero para pasar todo un año en China.¡Ay, amigo! eso puede ser un problema si estás en medio de la semana del Día Nacional. China dispone al año de tres semanas de fiesta oficial a lo largo y ancho del país. Tres semanas en las que todo el mundo vuelve a su pueblo a ver a la familia o se va de turismo. Tres semanas durante las que todo se detiene y en las que los lugares turísticos se saturan. Y llegamos nosotros a Kunming precisamente en una de ellas.

Así que, no entiendo aún bien por qué, enseguida nos enteramos que en cualquier banco lo máximo que podíamos cambiar al día eran 140 €. Con esa cantidad uno tiene de sobras para pasar unos días en China, pero necesitábamos algo más pues queríamos ir de turismo por la provincia durante una semana. Y diréis “Pues id cambiando de banco y ya está”. Lamentablemente, el tiempo que precisaron los operarios del banco para cambiarnos moneda y abrir dos cuentas corrientes fue extraordinario: algo más de dos horas. Decidimos ir tirando con lo que teníamos y no perder más tiempo en oficinas bancarias. Y no podía faltar el detalle. Abrimos nuestras cuentas e ingresamos nuestro dinero en euros porque no lo podían cambiar, con lo que no podíamos sacar dinero ni de la libreta ni de la tarjeta asociada.

Es increíble, allí, en el Banco de China, nos encontramos un puñado de occidentales todos con el mismo problema. Por fortuna, unos en un sentido y otros en otro. Así que hicimos un trueque con un joven suizo: yuanes por euros. Como el cambio es 1 € a 10 yuanes y un pico, fue sencillo. Por cierto, en el exterior del banco siempre hay un montón de mujeres que te ofrecen cambiar. Ni se nos ocurrió darles cancha preguntando, que cualquiera sabe que trapicheos raros se lleva esa gente. A posteriori nos comentaron que lo que hacen es cambiarte dinero por billetes falsos. En China, país de la falsificación, circulan muchísimos billetes falsos. Tanto es así que siempre que pagas con billetes grandes, en cualquier lado se los miran y remiran buscando unos “defectos estándar” que por lo visto tienen los billetes falsos. Se dice que parte de tanta falsificación proviene de Taiwán, que por hacer la puñeta a sus vecinos inunda el país con falsificaciones cada vez mejores. Si mal no recuerdo, en una película de James Bond el villano de turno planeaba hacer algo parecido.

Bueno, una vez avituallados económicamente salimos a descubrir la ciudad. Pasamos un par de días callejeando. Visitamos la calle vieja de Kunming, donde se halla un vibrante mercadillo de artesanías locales producidas en masa, material de ferretería, navajas suizas y otros gadgets. En este país es habitual el regateo, y uno debe hacerlo a conciencia y sin remordimientos en la ídem. Si eres occidental, te van a poner unos precios desorbitados. Una de las primeras compras que hicimos fue un mantel. Nos pedían de entrada 110 yuanes, lo compramos por 60 (“Y-voy-a-la-ruina Ling” creo que era el nombre de la artista de teatro... perdón, vendedora) y al cabo de una semana compramos unos cuantos más... por 40 cada uno.

Pasamos una mañana entera en el parque frente a nuestra casa: Cui Hu o “Parque del lago verde”. Es un lugar donde la gente, principalmente jubilados, se reúne para tocar música, cantar y bailar, hacer taichi, volar cometas, etc... Tuvimos la oportunidad de contemplar un corro de gente tocando y cantando, marcando el ritmo a una pareja que bailaba. Y todo el mundo se lo pasaba endiabladamente bien, ¡incluidos nosotros! En el video que acompaña esta entrada queda el testimonio gráfico de ese interesantísimo momento. Cui Hu es un lugar tan interesante de Kunming que probablemente le dedique una entrada del blog en el futuro.

Fuimos también a visitar la calle de las tiendas de CDs (según la RAE también se le puede llamar “cederrón”, y yo me río) y DVDs. Como es habitual, Judit y Oriol llenaron bien sus maletas entre bolsos y manteles étnicos y material audiovisual. En la calle de las tiendas de CDs y DVDs entramos un momento en uno de los megacibers que hay en cualquier esquina de Kunming para consultar nuestro correo electrónico y descansar un poco. La comodidad de sus sillones no es poca, aunque la velocidad de conexión es una patata.

Noche en el ciber de la calle de los CDs y DVDs

Comer en Kunming es fácil. Bueno, lo es si no eres demasiado remilgado, si te gusta el picante o, en su defecto, si sabes pedir cosas sin picante (saber decir “sin nada de picante” es aún mejor). En todas las calles hay minirestaurantes bastante y muy machacados. Suelen ser sitios sucios y de mobiliario desvencijado, pero están muy bien de precio. En la puerta de algunos de estos restaurantes tienen barbacoas donde te cocinan pinchos de todo: carne, pescado, verduras, ... Je, el olorcillo es muy tentador, la verdad. Y más de una vez acabamos comiendo un arroz con pinchos variados. El precio oscila entre uno y tres yuanes por pincho, siendo uno lo que deberían cobrarte y tres un timo. Obviamente, una noche nos colaron un gol y pagamos entre uno y medio y tres yuanes por pincho. Bueno... quizás no fuera tan timo porque estábamos en un restaurante de la zona de copas donde siempre te cobran bastante más porque están abiertos todo el día (y la noche).


El cocinero y su barbacoa. El gorrito del hombre denota que es un musulmán

Judit, Oriol y yo comiendo pinchos. Nótese la Coca-cola anti-picante

Ahora que lo veo en la foto, cuento esto de la Coca-cola. En Kunming se come muy picante. Con perdón, se come jodidamente picante. Así que es casi inevitable que alguna vez que otra te caiga algo de ello en tu comida. Si insistes un montón, no te lo ponen, pero como no lo hagas... De modo que más de una vez acabamos casi saltando y con la lagrimilla en los ojos. Para estos casos siempre llevábamos una botella de Coca-cola bien fresca, pues el negro líquido no sé qué tiene que hace que el picor desaparezca más rápido.

Una de las cosas más interesantes que hicimos estos primeros días fue ir a visitar el “Parque de las culturas”. Se trata de un parque temático al estilo del “Pueblo español” de Barcelona. Es una zona ajardinada enorme en la que hay reproducciones de las viviendas características de las diferentes nacionalidades que hay dentro de China, desde los mongoles del norte a la cultura thai del sur. En el interior de los edificios se encuentra escenas domésticas e información sobre las costumbres y tradiciones de la cultura en cuestión.

Lucía y yo frente una edificación de Tíbet

Templo de estilo thai

Un servidor en la entrada de un poblado chino de no sé qué etnia

Además, en cada zona hacen espectáculos de baile étnicos, al final de algunos de los cuales los bailarines enseñan al público a bailar (no os perdáis el final del vídeo de esta entrada). Al entrar te dan un mapa con los horarios de los bailes para que puedas ir moviéndote por el parque viendo todos los espectáculos. Estos espectáculos de baile incluyen bailes con elefantes, pues al sur de Yunnan hay un pueblo que los domesticó.

Baile con elefantes

Visitar este parque es una gozada si uno es amigo de la jardinería. El lugar es enorme, cuenta con varios estanques y zonas arboladas entre los que discurren pequeños senderos y grandes y hermosas flores crecen por doquier. Hay una plaza con estatuas de los doce signos del zodíaco chino. No pudimos evitarlo: nos inmortalizamos en la habitual pose tonta.


Hermosas flores del “Parque de las culturas”

Oriol y yo, nacidos en 1981, polleando

Uno entre muchos de los estanques y puentes del parque

Cuando cae la noche, el parque es iluminado por miles de farolillos chinos, tanto los típicos rojos con letras chinas en negro, como con formas de dragones y demás fauna mitológica. Claro está, no podían faltar los monigotes olímpicos.

Farolillos de los monigotes olímpicos

Antes del cierre, y en una especie de anfiteatro enorme que hay en el parque, tuvo lugar un magnífico espectáculo de música y danza. Hay quién dirá que los bailes típicos han sido desvirtuados en pos del mero entretenimiento, pero la verdad es que yo lo disfruté. El video que acompaña esta entrada muestra principalmente los bailes de este espectáculo. No me quedé con qué baile era de qué etnia, salvo los bailes mongoles, así que los he bautizado yo a mi manera con ayuda de Lucía. Por ejemplo, había uno en que unas chicas en pantalón tan-corto-que-dirías-que-es-un-cinturón bailaban suave y muy sensualmente y que yo bauticé inicialmente como “Las macizas”, y que rebauticé como “Flores de primavera” tras un sensato comentario de Lucía.

El espectáculo lo conducía un presentador-cantante tibetano ataviado con ropas de su etnia. Cantaba bonitas canciones, tocaba una especie de flauta corta y contaba chistes (quién sabe si eran buenos), introduciendo los diferentes bailes y conciertos. Hubo un poco de todo, bailes que parecían de Bollywood, bailes mongoles (los que más me gustaron a mi), un hombre que hacía música haciendo vibrar una hoja... Por cierto, este pobre artista llevaba una rama con hojas de la que arrancó una para hacer su número. Se paseó entre el público regalando hojas. Y algunos personajillos del tres al cuarto tuvieron a bien a ir acosando al señor, primero pidiéndole hojas mientras tocaba para luego, ante el caso omiso del artista, arrancar algunas por su cuenta. De todo hay en la vía del Señor, reza el refrán.

También hubo una señorita tocando una flauta de calabaza china; un cuarteto de violinistas de violín chino de una sola cuerda; un número pretendidamente humorístico en que un “supuesto espectador” se hacía cargo de una orquesta (que tocó algunas notas de Star Wars e Indiana Jones, cosa que me sorprendió estando en China); incluso tres bailarinas salieron a demostrar que no sólo saben de baile clásico marcándose un baile moderno en plan videoclip con ropa sugerente.

La verdad es que fue un espectáculo con cierto regustillo al señor Moreno y sus noches de fiesta, pero como se trata de una cultura muy ajena a la mía lo disfruté como un enano. Debo admitir que el hecho de la ligereza de ropa de ciertos numeritos ayudó a que pasara un rato de lo más entretenido. ¡Y eso que no entendía los chistes del presentador! Al finalizar el show nos dirigimos hacia la salida, quedándonos por ver aún otro espectáculo. En mitad del lago central (grandioso, por cierto) tuvo lugar un número de fuegos artificiales, láseres, música y baile sobre el agua. A pesar del cansancio acumulado y que no pude entretenerme leyendo toda la información cultural, fue una visita en la que goce de lo lindo. Hay quien dirá que todo es de cartón-piedra y que le falta cierto espíritu, pero a mi me pareció una buena manera de descubrir la amplitud cultural del gigante asiático en un impecable entorno verde.

Para finalizar, dejo el habitual video. En este caso he recogido el recuerdo gráfico relacionado con la música y el baile de China que experimentamos estos primeros días. Música y baile en y desde el corazón de la gente de este gran país.


La música y el baile en China (33 MB)